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Problemas y peleas en pareja

Seleccionamos los problemas que no tienes que resolver

Sí, reconócelo: de vez en cuando te peleas con tu pareja y, aunque lo sientes, sabes que volverá a ocurrir. No te preocupes. Según parece, las diferencias de opinión en una pareja pueden ser garantía de duración.

"Mi novio y yo discutimos una y otra vez por el mismo motivo: él siempre tiene ganas de sexo y, bueno, yo no tanto..." dice Alicia, una enfermera de 27 años. "Hay veces que no puedo soportarlo". Hasta las parejas más unidas tienen choques imposibles de evitar.

Los estudios dicen que después de unos años de convivencia, casi todas las parejas discuten por los mismos asuntos una y otra vez. Ya sabemos que puede ser frustrante, pero preocuparse por cómo evitar vuestro (casi seguro) próximo enfrentamiento no es la mejor solución.

En lugar de eso, te hacemos una sugerencia sorprendente avalada por expertos: no intentes superar tus problemas; acepta que hay que discutir de vez en cuando y aprende a suavizar los conflictos antes de que se conviertan en una guerra abierta. MFlipa te explica cómo superar esas turbulencias para que no os impidan continuar juntos.

 

Desajustes horarios

"Mi novio me saca de mis casillas, siempre llega tarde y jamás hace ningún esfuerzo por ser puntual", cuenta Micaela, de 24 años, creativa en una agencia de publicidad. ¿Te suena?

Como es imposible poner en hora el reloj interno de tu pareja, tienes que intentar no hacer de su retraso crónico un tema de discusión. Cuando te enfadas, tu corazón se pone a mil por hora, pero si consigues tranquilizarte y calmarte, podrás controlar también tus emociones y las ganas que tienes de matarlo en ese momento. Así que, si él llega diez minutos tarde (¡otra vez!), haz seis o siete respiraciones profundas: tu corazón bajará de revoluciones y mientras (tal vez) se te pasarán las ganas de discutir o, por lo menos, podrás presentar tus argumentos de forma más racional.

También puedes engañarle un poquito. "Si la película empieza a las ocho, le aseguro que es a las ocho menos cuarto y quedo con él en el cine a esa hora ", explica Sandra, una secretaria de 24 años. Puesto que sabes que siempre va a llegar tarde, haz planes para que no te cause trastorno. "Si quedamos para comer algo después del trabajo, siempre le digo que nos veremos dentro del restaurante. Así para cuando llega ya me he tomado un aperitivo", comenta Sandra. O simplemente lleva siempre contigo un libro o una revista.

Si tienes algo interesante que hacer mientras esperas, no estarás todo el tiempo preguntándote dónde diablos se ha metido tu chico.

 

Conflictos monetarios

"Mi pareja gasta muchísimo dinero. Es un derrochador, mientras que yo me desespero por ahorrar -se lamenta Laura, de 27 años, dueña de un pequeño negocio-. ¡Siempre discutimos por este motivo!" Antes de enfadarte, intenta entender por qué tenéis este problema.

Es muy probable que existan diferencias importantes debidas a la educación recibida. Por ejemplo, tú puedes soñar con ahorrar para disfrutar de un retiro estupendo y tu pareja puede que sea de los que prefieren liarse la manta a la cabeza y vivir al día. Pero los sueños son muy importantes en la personalidad de cada uno, por lo que cada cual debe mantener vivos los suyos. Y como por suerte hacer concesiones en cuestiones monetarias no es muy difícil, la solución que te proponemos es abrir cuentas separadas o cgncederos una paga semanal.

Como hace Susana, una escritora de libros infantiles de 25 años: "Puede parecer ridículo, pero una vez que hemos pagado las facturas, mi pareja y yo nos concedemos una misma cantidad de dinero cada uno para pasar la semana. Y hemos decidido no juzgar (lo conseguimos casi siempre) cómo gasta cada cual su paga semanal".

 

Libidos desajustadas

"Cada vez que quiero hacer el amor (reconozco que es muy a menudo) mi novia esta muy cansada, muy ocupada o no está de humor", se lamenta Jorge, un empleado de banca de 28 años.

Su chica, obviamente, tiene otra opinión. "Me encanta tener sexo con Jorge, pero para mí, tres veces por semana es suficiente", explica Alexia, de 26 años, música de profesión. "Así que tenemos la misma pelea todas las semanas." Esta relación, como muchas otras, es un claro caso de libidos desajustadas. Y no hay nada que se pueda hacer para solucionarlo.

En todas las parejas las hormonas de cada uno suben y bajan a su propio ritmo, y en ocasiones uno desea una sesión maratoniana de sexo mientras el otro sólo quiere dormir. Si es tu chico quien tiene menos ganas de sexo que tú (sí, eso es posible) necesitarás poner en práctica alguna estrategia. Le puedes decir: "¿Recuerdas cuando lo hicimos el sábado pasado? ¡Eso sí que fue divertido! Lo podríamos repetir cuando estés listo". Esto funciona mejor que ponerte a la defensiva por su falta de entusiasmo, así tu chico no se sentirá presionado.

Si eres tú quien no tiene ganas de sexo, quita hierro al asunto con una actitud positiva hacia sus deseos. Que te cuente exáctamente lo que quiere, y tú dile cuándo y cómo lo tendrá. Con el diálogo podéis ir compensando los desajustes que existan entre vosotros. ¿Quieres otra solución? Cómprale una colección de películas porno. Si no estás de humor, le puedes dar una sesión de sexo sólo con apretar el botón del vídeo. Y, ¿quién sabe? Tal vez al final tú también te pongas a tono.

 

Problemas de orden

"No puedo entender la fobia que tiene mi novio con los armarios. Siempre deja todas sus cosas tiradas encima de la cama", se queja Nuria, una estudiante universitaria de 24 años. Es difícil ignorar el desorden de tu pareja cuando lo estás viendo en el suelo, los muebles y los rincones. Pero no por eso tienes que verte tú también envuelta en su caos.

A veces es mejor tomarse con humor sus manías más desagradables. Seguramente no va a cambiar su comportamiento, así que tienes que encontrar el modo de aceptar la situación. Comienza por destacar sus rasgos más favorables, por ejemplo su maestría en encontrar tu punto G, y así te olvidarás un poco de sus defectos. Y te preguntarás: ¿Qué hago mientras tanto con su desorden?

Antes de discutir otra vez (que lo harás), acuerda con él algún lugar en el que puedas poner sus cosas cuando te ataquen los nervios. Así podrás apilarlas en una esquina, guardarlas en una bolsa de plástico o dejarlas donde os parezca bien a los dos. Con el tiempo, quizás acaben por gustarte incluso sus defectos... ¿quién sabe?

Etiquetas: amorconsejosparejarelación

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