decirno

La importancia de decir no

En ocasiones toca negarse.

Me comentaban algunas amigas cómo se ha enrarecido su ambiente de trabajo, que los nervios de la calle acaban llegando a casa. Sea por nuestra natural comprensión y tendencia a la armonía o más bien por nuestra aversión al conflicto, a veces parece que asumimos la tarea de arreglar nosotras solas el mundo entero empezando por nuestra pareja, empresa y familia; siempre dispuestas a arrimar el hombro y a complacer a todo el mundo en todas partes.

Lejos de arreglarlo y de ser reconocidas por nuestro esfuerzo, nos vemos avasalladas, ninguneadas y nos autosilenciamos ante el exterior, que percibimos como caótico y hostil. Podemos acabar sintiéndonos amargadas, deprimidas, etiquetadas como débiles y carentes de importancia.

 

¿Porqué te sientes tan insegura?

Y es todo una situación mental causada por miedos e inseguridades, que subconscientemente nos llevan a un estado de inmovilidad, de docilidad aparente, hacia un compañero de trabajo que nos avasalla, un jefe demandante, una familia absorbente o una pareja egoísta. Ese ambiente opresivo que construimos, aparentemente inmutable, esa condena supuestamente eterna y sin salida acaba tan pronto como nos decidimos a abrir la boca y a hacernos oir.

 

Hora de cambiar

Hay que hacer llegar las cosas, nuestros noes -No voy a plegarme más a esta situación- con naturalidad, con serenidad interior. Si reflexionamos bien y nos ponemos de acuerdo con nosotras mismas, veremos que todas estas situaciones en las que crees vivir sojuzgada en una especie de tradición en la que siempre tienes que decir que sí, las podemos cambiar con relativa facilidad.

 

¿Cómo se hace?

Nos comunicaremos seriamente pero sin agresividad -sin la ira que provoca el malestar que te causa el mismo hecho de decir ese no- ; en un acto positivo de afirmación de lo que eres y quieres, no como en una descarga ante la injusticia. Hablaremos claramente "No pienso hacer yo siempre el trabajo más pesado" , "no voy a aguantar más tu egoísmo", argumentando sin concesiones nuestra postura. Nada de excesos de empatía que disculpen conductas ajenas que te perjudican, ni imposibles vueltas de tuerca a la cabeza poniéndonos en el lugar de diez personas a la vez.

El secreto de posicionarnos es la comunicación honesta y directa. Y cuanto antes se produzca, mejor. No somos nada prácticas cuando estamos coléricas. Reflexión, insisto. (Exagerando, recordaba ahora la que lía el protagonista de Un día de Furia por un despido improcedente mal asimilado tras años de conducta discreta y ejemplar).

 

Descubre el problema

Si has de ser tajante -por poco que vaya con tu carácter- podrás serlo desde la calma y la autoafirmación. Piensa en ti misma, en todo lo positivo que tienes y dónde se sitúa este problema en tu vida exactamente, por qué merece la pena solucinarse. Por enconada que sea o mal que se dé la situación, ya habrás puesto las cartas sobre la mesa y estarás mucho mejor contigo misma, liberada. Y habrás dado el primer paso para ir construyendo un nuevo orden en tus relaciones. Lo más probable es que recojas una comprensión y un apoyo a tu alrededor que no esperabas.

 

Sin complejos

Decía John Huston, que duele menos que te den una paliza que la bilis que se te queda dentro si te callas al ver una injusticia. Tampoco se trata de pelear, se trata de hacerte oir en el mundo que te rodea, sin complejos que te amordacen, de ser tú misma, nada más.

Etiquetas: consejossaludwellness

Continúa leyendo

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS