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¿Te ha engañado?

¿Con tu mejor amiga? ¡OMG!

De los amigos y parejas se espera lealtad y honestidad, pero no siempre se consigue. Nuestra protagonista lo comprobó... por partida doble con una infidelidad masculina con su mejor amiga.

"Me casé con Sergio hace cuatro años. A él le hacía ilusión la boda, pero a mí no tanto, puesto que ya vivíamos juntos y éramos como un matrimonio: nuestras familias se conocían, pagábamos juntos una hipoteca y, en fin, éramos una pareja consolidada. Sin embargo, Sergio creía que una boda significaba un compromiso más sólido. Así pues, nos casamos y nuestra vida continuó siendo como era: bastante feliz. A mi juicio éramos una buena pareja, claro que ahora me doy cuenta de que esa idea sólo era el reflejo de lo ciega que estaba y de mi exceso de confianza... "

El fantasma de la infidelidad

"Al principio de nuestra relación Sergio se había mostrado un poco celoso. En alguna ocasión me dijo que no podía soportar la idea de que yo flirteara con otros hombres o que ellos se fijaran en mí, y es que, -modestia aparte-, físicamente no estoy nada mal. Además, aunque no soy una mujer demasiado coqueta, sí soy muy extravertida y amigable; pero los miedos de Sergio consiguieron que me fijara en mi comportamiento y me vigilara, no fuera a ser que tuviera razón y realmente yo flirteara con los demás sin darme cuenta. Lo último que quería era ofenderle. Nunca se me pasó por la cabeza cometer una infidelidad".

"Sergio tenía una teoría muy bien armada sobre la infidelidad y sus efectos devastadores sobre las parejas, ya que, cuando era pequeño, sus padres se divorciaron a causa de las continuas aventuras de su padre. Yo le entendía, y lo único que quería era que viviera tranquilo y feliz a mi lado. La verdad es que el tema de la infidelidad era algo que a mí nunca me había quitado el sueño. Yo siempre había pensando que era un hecho más de la vida, que a veces pasaba o no y que, si se deseaba, se podía evitar o propiciar. También creía que sólo si se llegaba a una situación seria o conflictiva habría que enfrentarse a ella y, por lo tanto, de nada servía teorizar antes por si las moscas. Pero Sergio no pensaba así. Él quería promesas de que a nosotros no nos ocurriría y en ese contexto entendí sus deseos de casarse: seguramente el matrimonio era para él la ley escrita que le protegería contra la intromisión de terceros".

 

Amigo de mis amigos

"Los primeros años de nuestra relación se vieron ligeramente contaminados por sus temores, a que  hubiera una infidelidad femenina en la pareja, aunque con el tiempo sentí que estaba más relajado. De todas formas, yo era muy consciente de que sus problemas eran sólo suyos y que yo no tenía por qué reprimirme ni cambiar mi carácter o mi comportamiento hacia los demás.
Yo nunca había sido celosa y, ya que Sergio siempre me había demostrado una devoción plena, jamás se me pasó por la cabeza que debía preocuparme por lo que él hacía cuando quedaba con sus amigos, cuando emprendía algún proyecto laboral en el que intervenía alguna mujer o cuando llegaba a casa tarde de alguno de sus conciertos (es músico)".

"En fin, como digo, salvo sus temores acerca de la infidelidad lo demás iba bien. Nuestra vida social era muy agradable. Teníamos un piso simpático en el que aparecían nuestros amigos de vez en cuando. Hacíamos barbacoas en la terraza y pasábamos horas y horas charlando y escuchando música. Yo me seguía viendo casi a diario con mis tres mejores amigos de la facultad, dos chicas y un chico: Ana, Laura y Tomás. Eran de esos amigos leales, siempre disponibles para ayudar en lo bueno y en lo malo. Cuando tenían alguna crisis familiar o de pareja, o, por el contrario, les pasaba algo maravilloso y estaban deseando contarlo, se plantaban en casa para compartirlo con nosotros, porque Sergio nunca tuvo ningún problema para integrarse en nuestro grupo y acabó siendo uno más".

"Por motivos laborales, Sergio pasaba muchas horas en casa, de modo que a veces yo llegaba y me encontraba a Ana, a Laura o a Tomás, con sus parejas o sin ellas, sentados y tomando café o lo que fuera, mientras mi santo esposo, famoso por su paciencia y buenos consejos, trataba de arreglarles la vida... Me gustaba ese buen rollo que se respiraba entre ellos, al fin y al cabo, es a lo que aspiramos todas, a que las amistades y la pareja se lleven a las mil maravillas".

"A mí se me habían ido olvidando las inseguridades de Sergio y, aunque casi nunca traía a colación sus preocupaciones, una vez me preguntó si entre Tomás y yo había habido algo más que amistad. Casi me muero de la risa. Si de verdad me conocía, debería saber que Tomás no era mi tipo".

 

Las sospechas

"Unas semanas después de aquello, un día quedé con Ana y Laura. Empezamos a hablar de infidelidad y les mencioné la pregunta que me había hecho Sergio. A Ana le dio la risa, como me había ocurrido a mí, pero Laura permaneció extrañamente silenciosa. Empezamos a fantasear con la idea de que Ana dijo que había un chico en su oficina muy atractivo y que, si algún día se le insinuaba, haría realidad su fantasía sexual en horario laboral con un colega de profesión. Aunque, añadió, era más probable que nevara en agosto que aquello sucediera. Laura simplemente se limitó a decir que le parecía una chorrada de conversación y no quiso participar en ella".

"Unos días más tarde llegué a casa un poco antes de lo normal y vi que estaba el abrigo de Laura en el colgador del recibidor, pero me extrañó no escuchar voces ni en el salón ni en la cocina. Me dirigí a la terraza, para ver si Sergio y ella estaban ahí cuando descubrí un sujetador detrás del sofá. Después de la reacción de Laura la última vez que nos vimos tuve un mal presentimiento y me fui directa al dormitorio, donde les encontré en plena acción. Salí corriendo de allí y a los pocos días pedí el divorcio, porque me sentía totalmente engañada tanto por mi mejor amiga como por mi marido".

Etiquetas: amigasparejarelaciónsexo

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