serinfielhoy

¿Qué es hoy en día ser infiel?

¿Ha cambiado nuestra forma de ver la infidelidad en pareja?

Domingo, 10:30 de la mañana, café con leche, tostadas con mermelada... y portátil encima de la mesa. Todo dispuesto para navegar un rato por la red. Es mi momento de paz semanal. Entro en Facebook porque hace tiempo que no actualizo mi estado y ¡voilà!, en "Últimas Noticias", veo que mi novio ha escrito cinco veces a lo largo de esta semana en el muro de una chica, ya me empiezan a asaltar los nervios con todo aquello de Facebook y la infidelidad. "Qué raro? -pienso-, si siempre ha sido un poco asocial". Sé que no debería, pero no puedo evitar meterme en la conversación y al clicar en el muro de ella veo su foto... ¡Es Eva! Podría ser cualquier otra, pero Eva... ¡¡¡noooo!!! ¡Y encima está estupenda!

Eva es un rollo que tuvo en paralelo con su novia "de toda la vida" durante unos 4 años, vamos una infidelidad como una casa. Indiscutiblemente, y aunque haya pasado un tiempo, sé que es una mujer que siempre le ha traído de cabeza. No dudo en curiosear las conversaciones que han mantenido. A primera vista, sólo veo el "¿cómo te va la vida?", el "mucho curro, bla, bla, bla...", pero me quedo atónita cuando leo la última respuesta de mi novio donde pone "¡cómo olvidarte, tienes un mail en la bandeja de entrada ;)" ¡ Y encima va con un smiley guiñando el ojo! El guiño me descoloca...

 

Los nervios atacan

Entro en shock, no sé si existen más conversaciones privadas ni si, en el mejor de los casos, hay un café de por medio, pero está claro que mi novio no me lo ha contado y eso duele. ¿Por qué no la "ignoró" en Facebook? ¿La buscó él o fue ella? Demasiadas preguntas. La tostada se ha quedado fría, el café con leche, helado y yo, con un nudo en la garganta y sin saber cómo afrontarlo: ¿Se lo pregunto? ¿Lo dejo pasar? Mejor me mudo a otro país... ¿y si me ha sido infiel?

Miro de reojo a mi chico con desconfianza, evito sus besos, pero no tengo valor para preguntarle por una infidelidad. No quiero ser la típica novia histérica que se come la cabeza por tonterías, pero tampoco ir de boba o inocentona.

 

No hay dos sin tres

A las doce tengo clase de Pitch & Putt en el campo de golf al que me apuntó, sí o sí, mi padre en Navidad y me encuentro a un entrenador nuevo, joven, alto, moreno y con una sonrisa preciosa. Permanezco toda la clase absorta en mis pensamientos, pero a la hora de practicar el swing se coloca detrás de mí, me coge los brazos y... noto los músculos de su cuerpo pegados al mío. No me aparto.

Con semejante subidón, le vuelvo a pedir que me enseñe cómo moverme un par de veces más. Me recompongo como puedo durante la semana. Me siento muy insegura y demasiado culpable por lo ocurrido en última clase de golf; no quiero ni pensar qué pasaría si mi novio hubiera hecho algo así, si hubiera cometido una infidelidad.

 

Y mis amigas también...

Creo que me sentiré mejor hablándolo con él, pero antes de tomar ninguna decisión, pienso que nada mejor que una cena con mis amigas para desahogarme. Quedamos el miércoles a las diez en la crepería del centro que tanto nos gusta. Somos las de siempre: Clara, Marta, Mireia y yo. Temo que la cena se convierta en un monólogo de Marta. Se va a casar en una semana y cuando se arranca y empieza hablar de la elección de los centros de mesa, siempre nos dan las uvas. Pero llega Marta con una cara horrible y ojerosa. Desde luego, está acabada, ella nunca se presentaría así. "¿Qué te ha pasado?", le preguntamos las tres a la vez. Y ella rompe a llorar.

Entre llanto y sonada de nariz, logra explicar que ha visto unas fotos de la despedida de soltero de su novio en el iPhone de su hermano, donde aparece disfrazado de Piolín en la Plaza Mayor "jugando" con una stripper que le mete la lengua . "¿Besándose con la stripper y a una semana de casarse?". No damos crédito. Me siento al lado de Marta y le cojo la mano para intentar consolarla, pero no puedo aguantarlo y arranco a llorar explicando mi historia del Facebook. Evidentemente omito lo del golf, prefiero hacerme la víctima por el momento. Tras acabar con los pañuelos de papel de todos los bolsos, y después de un tenso silencio, Clara dice "¡Basta!", llama al camarero, pide una botella de Albariño con cuatro copas y nos obliga a brindar "por vosotras". "Bueno, chicas -empieza- ¿No entendéis nada o qué os ocurre?". Y volviendo a llenar las copas continúa: "Tú, Marta, te vas a casar la semana que viene y va a ser una boda estupenda, estarás guapísima y serás tan feliz como siempre has deseado. ¿Realmente piensas que ese beso significó algo para Carlos?".

"Esa foto, estoy más que segura, se la hicieron a altas horas de la madrugada y con un índice de alcoholemia nada recomendable. Además, ahora que lo pienso, ¿quieres que empiece a relatarte tus historias de noche cuando te pasas con las copillas, guapa? ¿Te recuerdo cuando te dejabas pellizcar el culo por tu cuñado o cuando bailabas buscando roce con nuestros amigos de la facultad? ¿Qué, no te acuerdas de eso, no? ¿O tal vez eso no cuenta? Porque que yo recuerde, en esa época, ya salías con Carlos". Nos quedamos todas calladas y a Marta, con semejante sermón, se le secan las lágrimas de golpe.

 

¿Qué tendrá Facebook?

Clara vuelve a llenarnos las copas. "¡Y tú, reina! -señalándome a mí- ¿Quieres que te recuerde qué pasó cuando te diste de alta en Facebook? Te pasaste dos semanas buscando a todos y a cada uno de tus ex, continuaste por los rollos serios, los no tan serios y, cuando se acabaron, buscaste ¡hasta nuestro amor platónico de 6º de E.G.B! Por supuesto, a todos les mandaste mails y mensajes con smiley incluido. ¿Me puedes contar qué buscabas en cada uno de esos correos? Porque, que yo sepa, también tú estabas saliendo ya con tu novio y no se lo contaste, ¿verdad?". Visto así, tiene razón.

Mientras compartíamos el último pañuelo, a Marta y a mí se nos escapó una sonrisa. Justo entonces Mireia abrió la boca: "Todo es relativo -dijo- . Hemos llegado a un punto en el que no sabemos discernir la frontera entre lo que es ser fiel o no. Creo que a ninguna de nosotras nos gusta cómo han actuado ellos, pero no estamos libres de culpa. El flirteo, aunque tengamos pareja, sigue existiendo. ¿Dejar de ser nosotras mismas nos hará más felices en pareja? Tal vez no, pues esos pequeños hechos inocentes, si es que lo son, nos recuerdan que somos atractivas, que estamos en el 'mercado' y que, aunque podríamos escoger otras relaciones, hemos apostado por la pareja que tenemos. Qué mayor prueba de amor que la de compartir cada día con alguien creyendo que hemos elegido bien y comprometiéndonos en un proyecto común. ¡La confianza es mágica, chicas! ¡Brindemos por ello!".

Etiquetas: amorconsejosparejarelación

Continúa leyendo

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS