Desconectar del trabajo, ¿te cuesta?

¿No puedes desconectar del trabajo?

Si eres de las que llega a casa y sigues dándole vueltas a las cosas de la oficina, ¡ya basta!

Tu jefe te localiza por la noche para comentarte algo de última hora, tus compañeros te llaman al móvil a la hora del almuerzo, recibes un e-mail el viernes por la noche para que ultimes algo para el lunes... Al final, los teléfonos, internet, el correo electrónico, la Blackberry y las PDA, es decir, todos esos aparatitos que se han inventado para facilitarte la vida laboral acaban siendo los culpables de que no puedas huir de tus responsabilidades ni delimitar tu vida personal de la profesional. Lo que te pasa es que... ¡no puedes desconectar del trabajo!

 

Da el primer paso

Es fundamental que seas tú quién dé el primer paso y te convenzas de que tienes derecho a disfrutar de tu tiempo libre. Reduce el número de veces que miras el WhatsApp del trabajo o escuchas los mensajes del buzón de voz y, a menos que tu jefe te haya dicho expresamente que tal vez te necesite el fin de semana, olvídate de estar pegada al teléfono por si surge algo.

Necesitas desconectar del trabajo y separar tu vida laboral de la personal y, recuerda, que el hecho de que disfrutes de tu ocio no significa que seas una trabajadora irresponsable. En cuanto a los emails, debes aprender a distinguir los que son realmente urgentes de los que pueden esperar una contestación hasta el lunes o al día siguiente.

 

¿Es urgente de verdad?

La próxima vez que abras tu correo un sábado por la mañana y te encuentras con un email de algún compañero del trabajo, pregúntate lo siguiente: ¿puede esperar o debería contestar ahora mismo? Si de verdad crees que no corre prisa, resérvalo para el lunes y disfruta del fin de semana. Y, por supuesto, no des a entender a tus compañeros y tus jefes que pueden llamarte cuando sea y para lo que sea. Una cosa es demostrar que estás disponible para el trabajo y otra, muy distinta, que sólo vives para él.

¡Desconecta el móvil y vete de finde! Elige un buen restaurante y pasa la noche en algún sitio dónde puedas relajarte de verdad. A la playa, a la montaña, a tu ciudad favorita... ¡es hora de disfrutar!

Etiquetas: consejosrelaciónwellness

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