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Modas que jamás de los jamases deberían volver

La moda es cíclica, como las mareas y lo que se llevó, vuelve y lo que ahora se lleva, se irá. Pero como la marea, a veces llegan a la orilla objetos que nunca querrías haber visto.

Porque sí, la moda es cíclica, como las mareas y lo que se llevó, vuelve y lo que ahora se lleva se irá. Pero como la marea, a veces llegan a la orilla objetos que nunca querrías haber visto. Y por eso reivindico diez modas que el oleaje debe empujar mar adentro hasta perderse en la inmensidad del océano:


1. Hombreras. Hace décadas había hombreras del tamaño de un edificio de Calatrava. Tú tienes alguna foto de pequeña vistiendo una americana de pana con hombreras que podría utilizarse como parte de un chantaje. Puede que a Melanie Griffith en Armas de mujer le sentaran bien. Pero seamos sinceras, a nadie además de a Melanie Griffith en Armas de mujer, le sentaban bien. Ni a Loco Mía.

2. La pana. Cómoda, caliente como un horno, pero espantosa. Y si coincidía día de lluvia con pana, se producía un combo letal de dimensiones catastróficas.

3. Sandalias con calcetines. Son el sello de la casa de todo turista que desembarca en tu ciudad procedente de un crucero o viaje organizado, pero en las pasarelas primavera-verano de 2010 los diseñadores decidieron que era cool. Había pasado de ser una horterada a ser tendencia en un instante. No importa lo que digan los diseñadores, no quieres convertirte en ese turista alemán al que hace años criticabas.

4. Riñoneras. Todos tuvimos una, con más o menos gusto. Yo tenía una de Reebok rosa. Las riñoneras, el paraíso de los albañiles, se convirtieron en un accesorio cómodo, manejable, anti-hurtos. Algunos diseñadores también optaron por sacarla en sus colecciones. Pero, por encima de su carácter accesible, siempre ha sobresalido su fealdad. Son lo más antiestético que existe, no hay más.

5. Botas blancas. BAJO NINGÚN CONCEPTO.

6. Leggins con falda. Como con el alcohol los sábados por la noche, no es bueno mezclar. Y tampoco es bueno llevar leggins como si fuesen pantalones porque, en más de una ocasión, dejan poco lugar a la imaginación.

7. Botas de punta. ¿Quién te crees que eres, Coyote Dax? No rompas más mi pobre corazón y quítate eso.

8. Pendientes de aro de colores de plástico. Los llevaste en los noventa porque todo tu colegio lo hacía. Tus fotos de adolescente dan fe de ello. Los combinabas con ese chándal de táctel de colores estridentes repleto de parches que había puesto tu madre en las rodillas. Rosa, violeta, verde, rojo y amarillo. Eras la gama cromática de Photoshop.

9. Colgante con el símbolo de la paz. Te creías hippie pero ni siquiera sabías lo que ese movimiento realmente entrañaba. Creías en el amor libre pero seguías teniendo hora de llegada a casa. Te habría gustado estar en el Festival de Woodstock pero te pasaste los veranos viendo tocar a la Fantasía de tu pueblo.

Modas que jamás de los jamases deberían volver

10. Tirantes transparentes de sujetador. Todas vimos la luz con los sujetadores sin tirantes. Los tirantes transparentes además de antiestéticos, eran tremendamente incómodos, en especial cuando la sensación calórica era elevada. Esa época lúgubre conviene dejarla muy atrás. En Mordor, por ejemplo.

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