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Una eterna operación bikini

Elegir la dieta correcta según tu personalidad o sobrevivir a la cena en casa de una amiga master chef de pacotilla.

¿Dieta South Beach o dieta Perricone?

Si es por evocadora, me quedo con la primera. Ahora, si hay que elegir por adeptas, pupilas y seguidoras, debate y guerra dialéctica, la segunda. ¿Los resultados? Nenas, depende de la fe que le pongas a cada una. Las dietas, al final, son como una religión. Crees o no crees. También puedes optar por la tercera vía que, increíblemente, es tendencia. Kate Winslet es su abanderada y la filosofía es la siguiente. La vida es demasiado corta como para pasarla a dieta: come lo que quieras, bébete el agua de los floreros, bien de azúcar, y si prefieres pasar la única vida que tienes con faja o caftán, esa es tu elección. Son lo último en adelgazamiento en Hollywood: mantenerte gorda, que eso no tiene ningún secreto, y las dos primeras. ¿En qué se basan? El milagro de la Perricone consiste en tomar salmón. A razón de 600 gramos diarios, melón cantalupo y frutos rojos. Tres tomas diarias, tres días seguidos. Seis kilos mínimo y un asco al salmón de quedarte tuerta. ¿Quién la sigue? Uma Thurman antes y después de sus supuestos retoques faciales. Vale, su mirada ahora no inspira confianza, pero ¿y sus piernas? Y la South Beach, una disociada de toda la vida de Dios pero que solo se puede seguir 14 días. Ni uno más ni uno menos. Santa Gwyneth Paltrow es la sacerdotisa, y oye, hasta las proteínas se ven de otra manera si te las receta ella. Prohibidísimo: la zanahoria. Adiós a la tarta, la crema de ídems me la chufla.

Kimcheando... que es gerundio

Cena en casa de mi amiga Elvi. Ella pasa de la cena. Solo lee libros de autoayuda compulsivamente. Sí, durante la cena. Y escucha a Emilíana Torrini de la misma manera: en repeat. Menos mal que su marido es un sibarita. Pero de un sibaritismo que si lo compararas con el cocinero Paul Bocuse, el francés sería acusado de cocer salchichas y freír huevos con patatas. Imaginaos cómo fue el menú. No, no os lo podéis imaginar. Todo con un único ingrediente que, dice cual gurú, será el protagonista de las cartas de los restaurantes todo este año: el kimchi. Para empezar kimchi jjigae picante, después, paella de kimchi y, de postre, mochi de kimchi. En Nueva York ya están así: kimcheando todo el rato. Se trata de un repollo coreano que admite miles de usos y sabores porque es a la verdura lo que el tofu a la comida general: algo insulso, pero acalórico, supersano y superín. Hijas, si puedes comer, no engordar y ser ‘in’ todo en una, viva el kimchi. 

Etiquetas: bellezacomidaconsejosdietas

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