¡No puedo dejar de comer!

¡No puedo dejar de comer!

Despídete del ansía.

Tienes hambre a todas horas, ¿verdad? Si estás en casa estudiando o haciendo algún trabajo, no puedes evitar levantarte cada media hora para ver que hay en la nevera, aunque sabes que no ha cambiado desde los últimos 30 minutos. Y al final terminas picando. Un poquito de queso por aquí, unas patatas fritas, unas galletas de chocolate… Así toda la tarde.

Tu reto es comer saludable, ¿no? Pues vamos a ponernos un poco serias ya. No te hablamos de que no te comas de vez en cuando un par de galletas o que no disfrutes de un poco de chocolate, pero si cambias algunas costumbres acabarás por comer y sentirte mejor. Así que ahora toca comer otro tipo de alimentos.

Llega la media mañana y parece que han pasado dos días desde tu café con tostadas del desayuno. ¿Lo mejor? Una manzana con unos frutos secos (tostados o crudos, nada de fritos). Y si no te parece demasiado contundente sustitúyelo por un bocadillo pequeño (¡hemos dicho pequeño!) de jamón serrano o de pavo. Con pan integral, por favor. Por la fibra y esas cosas.

¿La tarde se te hace eterna? Pues es hora de recuperar la merienda. Estaría bien que te tomases una pieza de fruta, pero las verduras también nos sirven. Unas zanahorias o apio son lo mejor para saciarte. Y si prefieres algo más dulce un yogur con un poco de avena o muesli y endulzado con miel te dará la energía necesaria para aguantar hasta la cena. ¡Ñam!

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